METRÓPOLIS

agosto 18, 2007

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El argumento

En el año 2906, bajo los fastos y oropeles de la ciudad de Metrópolis, los trabajadores mecánicos, esclavizados, sufren los ritmos de inhumanas decadencias. Estos infortunados, desarrollan su trabajo en el interior de la tierra, a partir del décimo nivel de subterráneos. Allí no llega ni el sol ni el aire limpio, pero su esfuerzo agotador, oscuro y anónimo, garantiza el elevado nivel de vida de los habitantes de la superficie. En las profundidades, la máquina ha destruido a lo humano. Las máquinas lo dominan todo y ocupan un lugar preponderante en la sociedad. No hay humanidad en las profundidades, sólo esclavitud y sometimiento a la tiranía de la máquina. No existen emociones, ni tensión, ni creatividad, sino solamente una rutina agotadora, sin matices, gris, triste. El ser humano de las profundidades es un ser abatido y roto. Por el contrario, en la superficie reina el lujo, el bienestar y la opulencia. En altos edificios y plazas espaciosas, viven los privilegiados. La casta de los poderosos puede mantener su nivel de vida gracias al sacrificio de los esclavos.

Esta ciudad tiene un dueño todopoderoso, Fredersen. Un hombre duro, implacable. Frío y calculador. Su tiranía induce a los obreros a sublevarse, pero una joven, María, intenta tranquilizarlos y les promete que un día no lejano gobernará el amor. Pero no hay nada que hacer, la capacidad de sacrificio de los trabajadores ha llegado al límite y sólo la revuelta puede asegurar la liberación o la muerte.

Freder, el hijo de Fredersen, un día, como el Buda al salir de su encierro ideal, desciende a los subterráneos cuya existencia ignoraba, acompañado por Maria Lee el resto de esta entrada »